domingo, 10 de octubre de 2010

PLAGIO Y MAL GUSTO

Aquí sólo una muestra para que no se engolocinen. PLAGIO Y MAL GUSTO para todo el mundo y al que no le guste que se corra que venimos con todo, apenas una muestra, para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero y cuidado que vamos por más (siempre y cuando aparezcan las palabras del ya tristemente célebre Orasio Estevan Hálvares )


Nuestro Salvador
por PABLO DOTI LOPEZ

Huracán Ramírez desapareció hace ya 20 años. La leyenda cuenta que el luchador sucumbió enfrentando al mimísimo Satanás, dicen; también, que Huracán le vendió el alma a cambio de fama, gloria y poder. Lo entiendo. Después de todo ¿qué más podemos pedir en la vida?
La última vez que se lo vio fue luego de una contienda, magistral enfrentamiento por cierto, en la que Huracán venció al Chicano Rodríguez y a Victorica Martínez. El triunfo fue fantástico: nadie, nunca, los había vencido. Además, la pelea quedó en los anales del catch porque Huracán estaba perdiendo; lógico si se enfrentó a Chicano y Victorica; sin embargo, en el último minuto; cuando ya nadie apostaba un centavo por ese luchador venido del bajo, por ese gordo torpe pero duro para aguantar palizas - eso sí – Huracán sacó fuerzas de quién sabe dónde y molió a puñetazos al Chicano mientras aguantaba las sillas que por la espalda le rompía Victorica. Después, cuando el Chicano apenas era una masa sanguinolenta en el piso, Huracán se levanto, clavó dos ojos de fuego en Victorica y de un cabezazo lo mató. Esa noche Huracán accedió al Olimpo de los luchadores, entró por la puerta grande; como dicen.
Luego, cuando el fervor popular lo liberó, Huracán fue al camerino, tomó unos tequilas con Blue Demon y partió. Cuenta Blue Demon, que después de beber, Huracán le dijo que todavía le quedaba algo por arreglar, que la lucha no había terminado, aún queda el round más difícil manito; le dijo Ramírez. Entonces el luchador salió por la puerta trasera para nunca más volver. Blue Demon cuenta también que esa vez lo notó sombrío. Aún tengo la imagen de Huracán internándose en la calle oscura, lo veo aún caminando, cabeza gacha; hacía la esquina. Esa fue la última vez.
Después la leyenda, las palabras que tratan de explicar lo que no podemos entender, lo que no podemos ver. Entonces las fábulas. Algunos dicen que Huracán sucumbió peleando con Satán, otros dicen que lo venció y ahora es él quien gobierna las tinieblas. Yo, particularmente, siempre le creí a mi abuelo, que me contó que Huracán peleó con el diablo, que se arrepintió en el último minuto de haber pactado con él y que luchó hasta caer muerto, pero glorioso. También, agregaba el viejo en las interminables tardes que pasé escuchándolo, Huracán volvería algún día. Cuando lo necesitásemos, él volvería.
Siempre fueron muchas las conjeturas que se tejieron en torno a Huracán, pero nunca; y digo nunca porque nunca, ni en lo más lejano de mis ácidos viajes; se me hubiese ocurrido pensar algo como lo que ahora estoy presenciando. Creo que la situación en la que estamos los pocos que aún vivimos amerita, tal vez; ya que el fin parece que es éste; la cantidad de sucesos catastróficos y terribles – aunque también alucinados y fantásticos – que estoy viendo.
Esta mañana, cuando el terremoto empezó temí, temí mucho por los míos; aún temo porque no hay manera de moverse de aquí, no hay ningún tipo de comunicación y todavía, seis horas ya; no ha parado de temblar. El mundo se está viniendo abajo, las grietas que se han abierto en todos lados son un pasaje seguro al infierno. Todavía resisto porque logré subir acá. Aunque el terremoto no sería tan terrible si no hubiesen empezado a salir todos esos demonios por las grietas, todos esos demonios que comenzaron a matar a la gente allá fuera. Pero una esperanza, tal vez, desde aquí no estoy seguro que sea él; apareció. Si mal no estoy el que está allá, el que está peleando con los demonios es Huracán Ramírez, ha vuelto. Ha surgido, como ellos, desde el averno. Sin embargo los está enfrentando. Veo a la gente ponerse detrás de Huracán y a él resistir los embates y devolver golpes. No sé qué pensar ya, pero son las palabras de mi abuelo las que me dan fuerza para aguantar. Sólo espero haya estado en lo correcto, espero que Huracán haya vuelto a salvarnos. Si no es así, que Dios nos ampare.

Cyberpunk
Villa Chinga, una de las pocas poblaciones que quedan en la tierra. Apenas un espejismo entre el desierto y la montaña. Pero alguna vez este mísero caserío fue una gran ciudad. Ahora sólo vestigios del pasado. Al noroeste, todavía se levanta la cordillera seca y ajada, inmutable testigo del caos humano.
Una llama apenas y el barrio de los morlock comienza a incendiarse. El humo negro agolpa bullendo en hongo mientras las llamas arden furiosas. Varios morlocks tratan de mitigar el desmadre con arena porque no hay agua. Otros, viendo lo inminente, corren frenéticos agarrando cualquier cosa que se pueda salvar.
Más al centro, por la calle principal aparece un hombre corriendo. La respiración jadeante, agitada. Zigzaguea de la calle a la vereda y un pasillo al fin. Mira nervioso alrededor ¡Alguien se acerca! El hombre se escabulle en la sequia, bajo un puente y, casi al mismo tiempo, los pasos retumban sobre su cabeza. Son dos morlocks, el primero de contextura pequeña, tuerto, un brazo mutilado, botas pesadas, de metalúrgico, nariz abultada y aplastada. El otro parece un ropero. No tiene cuello. La cabeza está metida en los hombros. La frente amplia. El pelo motoso, bigote grueso y desprolijo. Van y vienen apurados, los camaleónicos ojos mirando en todas las direcciones.
¿Dónde está ese bastardo?
Los morlocks merodean el lugar, buscan nerviosos, apurados y se van.
El hombre sale de la sequia, mira a los lados y corre. Dos cuadras y a lo lejos ve a los perseguidores: se han juntado con otros y caminan hacia él señalándolo y agitando los brazos. ¡Maldita sea! me vieron… - Mira a los lados cercanos: Una puerta abierta. Entra. Putas, morlocks y hombres deambulan el lugar. Ni lo notan. Pasa la puerta a un cuarto con sillones a los lados. Cada tanto las luces intermitentes delatan cuerpos que se encuentran. Sigue por un pasillo. Camina rápido, mirando desconfiado. Y de repente choca contra algo macizo – aquí estás maldito, nos la pagarás –lo toman del cuello, lo alzan dos cabezas de su altura y lo estampan contra la pared – te voy a matar- le dice el morlock poniéndole una faca en el cuello. El hombre se siente desfallecer: – no, por favor.
Un fogonazo, apenas un zumbido cerca de su oído y la sangre fría brota. El morlock empieza a caer, los amarillos ojos se pierden en la nada, la mano que lo aprisionaba cede, suave, al unísono con la caída del lagarto, sus pies tocan tierra.
Un segundo más y lo matan - dice un hombre emergiendo de las sombras, menos mal que lo vi- continúa mientras guarda una vieja colt en la sobaquera. El otro lo mira atónito. Está bien amigo, le pregunta mientras le palmea la espalda. Sí, sí, quién es usted – Atina a decir todavía mareado. Sánchez, para servirlo, tome un trago- le dice alcanzándole una cajita de vino. El otro mira la cajita: está aplastada, abierta por un extremo de donde asoman filamentos papel metal. Bebe y le devuelve repugnado – soy Max, necesito que me ayude, me persiguen unos morlocks y no encuentro señal satelital en ningún lugar ¿Usted sabe dónde hay? Necesito salir de aquí ¿Sabe desde dónde me pueda comunicar?
Sánchez duda un instante: Tal vez, ¿Tiene dinero?
Sí, sí, no hay problema.
Cuánto.
Lo que quiera, sólo necesito que me lleve dónde le pido.
Diez mil.
Hecho.
Sánchez le abre camino hasta la puerta.
Afuera todavía se ve el humeante hongo ascendiendo desde el barrio Morlock.
¿Qué diablos es eso? - Pregunta Sánchez.
Ni idea, vamos – contesta apurando Max.
Las calles sórdidas abren brecha entre la miseria, hasta llegar a los pasillos que conducen al descampado.
Diablos, acabo de estar escondido en estos pasillos, tal vez ellos estén dentro.
Conozco este lugar como la palma de mi mano, daremos un rodeo – Contesta Sánchez.
Max prende un cigarrillo- ¿fumas amigo? – Sánchez toma uno y lo enciende – ¡Esto es marihuana de verdad! Hacía años que no fumaba de ésta, dónde la has conseguido.
Tengo algunos contactos en Marte, ya te explicaré cuando estemos más tranquilos – responde desdeñoso Max.
No te alejes de mí, estos pasajes son un laberinto, si te pierdes tal vez no vuelvas - advierte Sánchez y entra pitando en el oscuro pasillo.
Max, mira a ambos lados, pita fuerte el cigarro y lo sigue.
Las paredes están ajadas, el revoque se ha caído hace años, y la sequedad es asfixiante. Hay basura repartida por ambos lados, tirada en las sequias.
¡Maldita sea! Aquí apesta – Dice Max mientras se tapa la nariz.
Estallan pasos, Sánchez se guarece contra la pared, empuja a Max al muro y saca la Colt. Apunta en toda dirección.
Silencio.
Y de repente, en un cruce a 20 metros, pasan tres morlocks. El último de ellos parece haberlos visto porque los mira sorprendido, pero calla y siguen de largo. Sánchez se relaja, lo mira a Max y antes de que diga nada, aparecen los tres de nuevo, vienen corriendo y gritando. A Max lo gana el temor, se queda paralizado, viéndolos venir, Sánchez, más frío, inclina un segundo la cabeza, solo un segundo y levanta la mirada, apunta y dispara. Uno dos, tres, cinco fogonazos.
No todos hacen blanco: de los tres, dos quedan en pie.
¡Maldita sea! ¡No tengo más balas! ¡Vamos! – y toma del brazo a Max para huir pero este apenas se mueve y los alcanzan. Sánchez, ve por sobre su hombro que ya tiene encima a uno. Entonces, en un instante, saca un puñal de la cintura y da media vuelta apuñalando al morlock en el cuello. Un leve soplido al desenterrar el puñal y el lagarto desploma. Mira a Max: esta tendido en el piso, su perseguidor lo tiene de bruces, la rodilla firme sobre la cara. Está por sepultarle un cuchillo en el estomago. Sánchez le salta encima y lo apuñala por la espalda.
¡Demonios! Tenemos que salir de aquí.
Comienzan a correr por los pasillos.
Exhaustos, detienen la marcha y se recargan sobre la pared. Miran a todos lados: no hay nadie.
Por un pelo me atrapan los malditos bastardos, señala Max, mientras trata de recuperar aire dando bocanadas al piso.
Parece que los morlocks te odian mucho. Qué les hiciste.
Nada. Sólo tratar de ayudarlos. Pertenezco a Worldhelpers y vine a traer víveres a su barrio. Llegué con un compañero, Bill. Los dos vinimos en la misión. Cuando llegamos empezamos a repartir lo que teníamos. Pero, de repente todo fue caos, aparecieron estos morlocks, querían agua. Nosotros les explicamos que no se podía, que tenían que comprarla. Ellos no quisieron entender y se pusieron violentos, muy violentos, empezaron a insultarnos y, como no les hacíamos caso ¡malditos cobardes! nos golpearon y perdimos el conocimiento.
Sánchez mira al este, todavía brota algo de ceniza: - ¿Qué rayos será ese humo?
Esos bastardos deben haber encendido el barrio. Eso debe ser el humo. Tenían gasolina suficiente para quemar toda la zona, lo vi cuando me tenían atrapado. Además hablaban de incendiar su barrio y atrapar a los otros morlocks para venderlos como esclavos en Marte. Por eso me quieren matar porque yo sé que fueron ellos ¡Cuando salga de aquí los voy a denunciar!
¿¿Denunciarlos?? Con quién.
No sé… con el ejército.
Al ejército no le importan esas cosas, para ellos es mejor que nos matemos entre nosotros.
¡Pero yo no soy como ustedes! ¡Pertenezco a Worldhelpers, cuando sepan lo que me pasó, ¡ja!¡ van ver esas malditas lagartijas! ¡La van a pagar caro!
Sánchez lo mira displicente: - Cómo escapaste.
En un momento les pedí ir al excusado. Así logré que me desataran. Uno de ellos me llevó. Entonces, cuando se distrajo, le pegué y aproveché para huir, así llegué al cabaret donde me encontraste. Pero Bill no lo logró, maldita sea, todavía está a merced de esos mal nacidos... ¿tú podrías rescatar a Bill? tal vez aún esté con vida.
Eso va a costar más, 30 mil.
Ya te dije que el dinero no es problema. La organización pagará lo que sea por nosotros.
Está bien. Tienes idea de dónde lo tienen.
En un edificio. Cuando estaba escapando vi el lugar, eran como oficinas, había algunos paneles, después salí a un patio y salté una muralla a la calle.
La vieja Baker & Huke, en el lado este.
Pero primero llévame adonde hay señal.
Sígueme.
Los dos hombres caminan, Max va atrás de Sánchez, tres o cuatro pasillos más allá salen del laberinto y llegan a un caserío desvencijado. Atrás todavía se ve algo de humo, parece que el fuego ya ha sido apagado, sin embargo aún brotan rebeldes jirones cenicientos.
Llegan a uno de los ranchos. Sánchez golpea la puerta con la cara posterior del puño. Abre una mujer mestiza. Él entra y Max queda fuera, esperando y mirando satisfecho hacia el centro de la ciudad.
Dos morlocks pasan. Parecen borrachos. Miran a Max, que se hace el distraído, sin prestarle atención y se alejan. En tanto Sánchez sale del rancho. Lo acompaña la mujer.
Ella te llevará a un lugar seguro Max, puedes confiar.
Está bien Sánchez, pero tienes que rescatar a Bill, mi amigo.
La mujer saca una escopeta láser y se la ofrece a Sánchez:
Con un demonio mujer, no quiero ese aparato, me vasto con la Colt y mi puñal.
Te confías demasiado en ese viejo armatoste, por qué no llevas mi láser. No sabes con qué te vas a encontrar allí.
No te preocupes por mí.
Sánchez emprende camino. Prende otro cigarrillo de marihuana y se dirige a la vieja fábrica. Hacía ese trecho antes de la guerra, solía trabajar allí. Después, cuando empezó a faltar el agua, la cerraron. Ahora el cristalino líquido es más valioso que el oro. Hasta una guerra desató. Los que podían escaparon, se fueron a vivir a Marte, la tierra ya no era un lugar. Sólo quedaron pobres y militares que buscaban la preciosa bebida para abastecer la colonia marciana. Donde hubiera un afluente llegaban soldados y echaban al gentío, y si resistían, los mataban. Sánchez va sereno, suspendido. Llega de nuevo a la calle principal. A estas horas generalmente eran pocos los que quedaban pero ahora no hay nadie, hasta el cabaret cerró. Sigue. Son sólo un par de calles hasta la fábrica. Ya puede verla al final, es un edificio grande, ocupa dos cuadras. Está dividida en dos partes. De un lado, lo que alguna vez fueron oficinas y por otro, un gran patio que servía como depósito.
Camina despacio, contemplando el presente. Después de la guerra y las bombas, la humanidad volvió a un estado primitivo. Cada uno sobrevive como puede.
Llega a las puertas de la fábrica: una gran contrapuerta de lata que corta la calle principal. Está cerrado. Mira a ambos lados. No se ve nadie. Toma hacía la parte trasera. Merodea las paredes que aíslan el edificio del resto de la villa. Se mantuvieron a pesar de todo. Llega, al fin, a la parte de atrás, observa de nuevo que no haya ningún morlock en los alrededores y, de un arduo salto, accede al interior.
Ya está adentro.
Silencio.
Avanza sigiloso.
Camina hasta llegar a las oficinas y entra. Hay paneles ajados y desperdigados que alguna vez dividieron el ambiente. Escucha un murmullo impreciso que viene de la habitación contigua. Se agazapa en la pared, saca el puñal y lleva la mano armada a la espalda. Sigue avanzando agachado, escondiendo el cuerpo en la pared. Llega hasta la puerta que conduce al otro cuarto. Ahora el ruido es más nítido: alguien viene. De un salto se parapeta contra el muro de la puerta, aprieta el puñal y respira profundo. De repente se asoma un pie y luego todo el morlock. Sánchez espera que pase, lo toma de la boca y le corta el pescuezo. Entra en la habitación contigua y la cruza. Después de la puerta, una escalera asciende recta y desemboca en curva a la derecha. Se aposta en la pared y sube. Domina la planta alta. El oscuro corredor ilumina en el final. Avanza. A medida que se mueve, escucha voces. De repente un disparo, un quejido y algo desploma abrupto.
¡Maldición!
Sigue avanzando. Ahora más presuroso.
En el cuarto encuentra a un morlock revisando un hombre muerto. El asesino está de espaldas, entonces, Sánchez, se acerca; lo toma firme de los pelos y le apoya la daga en la yugular:
¡Maldita lagartija! Me has hecho perder mucho dinero.
Quién rayos eres tú, suéltame. Cómo demonios has entrado. No sabes quién es este bastardo ¡suéltame! malditos tú y tu gente, no les bastó con incendiar el barrio ¿no?
¿De qué demonios hablas?
Este bastardo es uno de los que incendió nuestro barrio, hay uno más, que logró escapar, mis amigos lo están buscando, hay que encontrarlo y matarlo.
El morlock estira la mano al suelo y toma una credencial:
Si no me crees mira esto…
Sánchez la toma.
Lee.
¿Pero…? Él, él…¡Demonios! ¡Yo sé dónde está el maldito, sígueme!
Sánchez da media vuelta y corre. El morlock sale tras él.
Corren.
Otra vez la calle principal, las cuadras y el laberinto de pasillos.
Una vez en la barriada encuentran al resto de los morlocks. Caminan en tropel. Mustios, cabezas gachas. Llegan hasta ellos. Adelante vienen los dos que habían perseguido a Max. El petiso tuerto trae en la mano su decapitada cabeza. El que parece un ropero, un cuchillo ensangrentado.
Atraparon a ese maldito – Dice el que vino con Sánchez.
Sí, pero estaba hablando con alguien – contesta el que parece ropero.
Este es un maldito soldado, tenía una credencial del ejército, mira - dice extendiéndole la tarjeta el otro morlock.
¿Qué demonios quiere el ejército aquí?
¿No había una mujer con éste? – interrumpe Sánchez señalando la cabeza de Max.
Sí. Pero ya estaba muerta cuando llegamos.
Sánchez movió la cabeza de un lado a otro – dónde está su cuerpo – increpa.
Lo enterramos en el baldío.
Gracias.
El morlock tira la credencial al piso:- Debemos prepararnos porque seguro van a venir más.
Qué armas tenemos – pregunta uno.
Algunas facas – contestan mostrándole.
De repente ruido aéreo, unas luces brotan en el cielo y tres naves aparecen, – escóndanse – grita el morlock tuerto - y todos se escabullen entre el caserío. En tanto las naves aterrizan en el descampado, al pie de la barriada. Abren compuertas y bajan dos escuadrones de soldados. Atrás, cuando ya están formados, baja el General Mc Allister, oficial al mando del operativo. Organiza:
Teniente Rodney usted irá con su compañía a hacer un reconocimiento de la zona.
¡Señor! ¡Sí señor! – y parte con sus hombres.
En tanto, los morlocks y Sánchez se han escurrido hasta llegar a los pasillos. Son apenas ocho para enfrentar a los soldados por eso han decidido esconderse en los recovecos y apuñalar en la oscuridad.
Dividámonos en dos grupos – propone el ropero – dejaremos que entren a este callejón y, cuando estén en el medio, aparecerán ustedes por detrás y nosotros por delante. No hay que dudar ni un segundo, está claro, apenas los tengamos donde queremos los cosemos a puntazos.
Acordaron y se guarecieron en los dos recovecos perpendiculares a uno de los pasillos centrales. Sánchez, habituado al uso del puñal, prefiere matar por vanguardia.
Escuchan venir a los soldados. Marchan seguros, confiados. Los morlocks esperan a que lleguen casi al final del pasillo y, cuando sienten asomar al primer soldado, atacan. Sánchez sale junto a otro y cada uno ataca a un soldado. Sin embargo, los militares son ágiles, abren fuego y matan rápido. El primero en caer es el tuerto, que igual se lleva a un soldado al infierno; y otro morlock que desmorona a los brazos de Sánchez. Él recibe el cuerpo con la izquierda, lo empuja contra uno de los que disparan y, con la derecha, punza a otro, le desentierra el cuchillo; y mata otra vez. En tanto, los que han atacado por retaguardia asesinan a uno pero caen bajo los láseres. De repente todo es silencio. No queda ni un morlock en pie. Sánchez se abalanza contra la pared, saca el colt, y esconde el cuerpo. Ahora está sólo. Escucha – Ahí estás maldito – y un disparo lo hiere en el brazo. Sánchez apenas alcanza a ver el fogonazo y mata, pero el teniente Rodney, agazapado en la sequia opuesta, lo acribilla. Luego saca el radio y avisa. Pronto llegan más y fusilan a los que quedan en el centro.
Muy bien soldados, han hecho un trabajo magnifico. Perdimos algunos hombres pero cumplimos – dice el General Mc Allister - en unos minutos llegará el escuadrón de excavación, el lago subterráneo ya es nuestro.






viernes, 14 de mayo de 2010

REGALITO DE BICENTENARIO

Volvimos después de una larga ausencia. Debido a que nos encontramos cerca de los festejos del Bicentenario y para seguir en tren de revoluciones, les acerco, queridos mios, este cuento criminal de nuestro amigo, el carismático y entrañable Mr. Spencer Holst.
No podemos irnos sin antes recomendarles que lean "La cebra cuentista".
CHAU PERROS








Ahí les va...











EL ASESINO DE PAPÁ NOEL






Hubo una vez una persona que terminó con las guerras para siempre, al asesinar a 42 Papás Noel.
Todo empezó unos diez días antes de Navidad, cuando un Papá Noel del Ejército de Salvación fue asesinado en un barrio.
Un diario de la mañana traía la noticia, pero al día siguiente otros cinco Papás Noel fueron asesinados y el hecho apareció en la primera plana de todos los diarios del país.
Cuatro de ellos fueron asesinados mientras recolectaban fondos para el Ejército de Salvación, y el quinto fue apuñalado en la sección Juguetería de Gimbel’s.
¡La gente se sintió ultrajada! ¡Cómo se indignaron! Pensaban qué monstruo, qué engendro debía ser ese tipo, quiero decir, arruinarles la Navidad a los chicos asesinando a Papá Noel.
No se preocupaban por las vidas verdaderas de los hombres asesinados, tan sólo era el efecto que causaría a los chicos lo que molestaba a todos.
De manera que al día siguiente la ciudad estaba llena de policía metropolitana y estadual, agentes del FBI y hasta algunos funcionarios de Inteligencia de la Marina, agentes del Tesoro y funcionarios del Departamento de Justicia, todos los cuales encontraron pretextos para intervenir en el caso: y otros diez Papás Noel fueron muertos y no se atrapó al esquivo asesino.
Así que aquella noche todos los Papás Noel que estaban trabajando convocaron a una reunión secreta para decidir qué hacer.
Se daban cuenta de sus responsabilidades para con los chicos pero, por el otro lado, les parecía una especie de locura salir a la calle y ser atacados por este maníaco.
De modo que un hombre, que era valiente y no tenía a nadie que dependiera de él, se ofreció para salir al otro día, disfrazado y con una fuerte guardia armada.
Pero le cortaron la garganta en su cama, aquella noche.
Así que al otro día no había Papás Noel en la ciudad.
Y la gente estaba algo así como irritable y nerviosa, y los chicos lloraban, y no parecía Navidad sin los Papás Noel.
Pero al día siguiente, una volátil mujercita de Hollywood, una actriz que buscaba publicidad, salió vestida de Mamá Noel.
Y la gente y sus chicos se agolparon en torno de ella, ya que era lo más aproximado a Papá Noel que andaba por la calle, y consiguió un montón de publicidad, y no la mataron.
De modo que al día siguiente varias otras mujeres prominentes salieron todas vestidas de Mamá Noel, con el pelo empolvado de blanco y polleras coloradas y almohadones en sus vientres y sombreros de Papá Noel, y tampoco a ellas las mataron.
Decidieron que a lo mejor el maníaco había dejado de actuar, así que mandaron a la calle a un Papá Noel como globo de ensayo, pero una hora después su cuerpo era conducido en una ambulancia al Bellevue Hospital, con tres balas alojadas en él.
Así que la Navidad de ese año transcurrió con Mamás Noel.
Y el año siguiente empezó a ocurrir otra vez lo mismo, de modo que de inmediato mandaron a las mujeres otra vez a la calle.
Al año siguiente pasó la misma cosa; y el siguiente, y el siguiente; y año tras año, este paciente y esquivo maníaco mataba a cualquier varón vestido de Papá Noel, hasta que finalmente en los diarios, en la publicidad y en las mentes humanas, Papá Noel retrocedió hacia el fondo y Mamá Noel se convirtió en la figura principal.
Quiero decir que Papá Noel todavía estaba allí. Hacía los juguetes en el Polo Norte y se ocupaba de los elfos, pero era Mamá Noel la que viajaba en el trineo tirado por los renos y se deslizaba por la chimenea y repartía los regalos y encabezaba el desfile de Navidad cada año.
Y lo divertido era que a las mujeres parecía gustarles realmente ser Mamá Noel. Nadie tuvo que pagarles y se convirtió en una moda tal que las calles, en época de Navidad, estaban colmadas de Mamás Noel. Y a medida que el tiempo pasó, ellas empezaron a hacer pequeñas alteraciones en el traje tradicional, cambiando primero el matiz de rojo, y experimentando después con colores completamente distintos, hasta que al fin cada traje fue único y fantástico, hermosamente coloreado, bellísimo.
Se convirtió en un verdadero honor el encabezar el desfile de Navidad.
¡Y a los chicos les encantó!
¡La Navidad nunca había sido así antes, con todas estas Mamás Noel y toda la excitación!
Pero estos chicos, esta nueva generación de chicos que creció creyendo en Mamá Noel, eran algo así como distintos.
Porque, fíjense, para los chicos muy pequeños Papá Noel es un dios.
Y para la época en que dejan de creer en Papá Noel, empiezan a ir a la Escuela Dominical y aprenden acerca de un nuevo Dios. Y este nuevo Dios no les hace regalos. Es un poco rudo.
Pero toda la vida anhelan a su antiguo dios de la infancia, a su dios Papá Noel.
Observen sus oraciones, lo que dicen: dame lo que deseo. Pero esta nueva generación de chicos que crecieron creyendo en Mamá Noel parecía tener una actitud distinta hacia las mujeres.
Empezaron a elegir mujeres para el Congreso y eligieron a una mujer presidente y mujeres alcaldes, hasta que muy pronto el país entero estuvo gobernado por mujeres.
A ellas les preocupaba sobre todo cosas como la comida, y hubo mucha discusión en el Congreso acerca de varios regímenes, y bien pronto hasta los más pobres tuvieron mucho que comer; y estaban interesadas en las casas, y pronto ya no hubo escasez de viviendas.
Pero había una cosa que no apoyarían.
No pensaban hacerlo.
Quiero decir, ¿qué posible razón política haría que estas mujeres mandaran a sus hombres a ser matados? ¡Era ridículo!
De modo que con su poder político y su poder financiero y el prestigio de los Estados Unidos, obligaron y animaron a otros países a permitir que mandaran las mujeres.
Así la guerra terminó para siempre.
Los hombres siguieron haciendo lo que siempre habían hecho. Trabajaban en fábricas, y estudiaban matemática superior, y apostaban a caballos, y repartían el hielo, y discutían de filosofía.
Pero estas discusiones sobre filosofía no ocasionaban que la gente se muriera de hambre y se matara entre sí.
Y muy pronto, en todo el mundo, nadie estaba hambriento, todos tenían lindas casas, ya no había guerra, la gente empezó a ser feliz.
Saben, cuando uno se detiene a pensar en ello, había ocurrido una revolución mundial.
Y 42 Papás Noel no es mucha gente muerta para una revolución mundial.
Pero el asesino o, en realidad, el santo a quien la humanidad tanto le debía, el que planeó y ejecutó esta revolución casi incruenta, nunca fue atrapado y crucificado.
Siguió viviendo.
No, nadie descubrió nunca la identidad de este santo: es decir ah–, salvo yo.
Yo sé quién es el santo.
Oh, no tengo ninguna prueba, pero es precisamente por eso que estoy tan seguro de que lo sé.
Porque hay una sola persona capaz de esto, hay una sola persona con el genio, la osadía, la imaginación, el valor, el amor a la gente, la avidez por la sangre y la paciencia requeridos para llevar a cabo ésta, la mayor de todas las acciones.
Esa persona es mi hermanita.
“EL IDIOMA DE LOS GATOS” de Spencer Holst

lunes, 11 de enero de 2010



ENTREVISTA A HERNRI MICHAUX
John Ashbery Traducción Ricardo García Pérez

Henri Michaux no es exactamente un pintor, ni siquiera un escritor, sino una conciencia: la sustancia más sensible descubierta hasta la fecha para registrar las fluctuaciones de la angustia de la existencia día a día, minuto a minuto.Michaux vive en París, en la calle Séguier, en el corazón de un pequeño distrito de palacetes desvencijados, aunque aún aristocráticos, que parece misteriosamente silencioso y apagado pese a la proximidad de St. Germain-des-Prés y el Barrio Latino. En las escaleras del hôtel particulier del siglo xvii en el que vive se ha instalado un andamiaje de madera para evitar que la escalera se venga abajo. El apartamento de Michaux parece haber sido desgajado a partir de otro mayor. A pesar de la originalidad de la arquitectura y de la presencia de algún mueble antiguo muy hermoso, el efecto resultante es neutro. Las paredes no tienen color e incluso el jardín exterior tiene un aspecto fantasmagórico. Apenas hay cuadros: tan sólo una obra de Zao Wou-ki y un cuadro chino que representa, más o menos, un caballo y que parecen estar allí por casualidad: «No extraiga ninguna conclusión de ellos». El único objeto digno de mención es una enorme y flamante radio nueva: al igual que muchos poetas y muchos pintores, Michaux prefiere la música. Detesta las entrevistas y parecía incapaz de recordar por qué había accedido a conceder esta. «Pero ya que está aquí, puede empezar». Se sentó de espaldas a la luz, de modo que resultaba difícil verlo; se protegía el rostro con la mano y me observaba receloso por el rabillo del ojo. Nada de fotografías, e incluso se niega a que se realice un dibujo de él para publicarlo junto a la entrevista. A su juicio, los rostros ejercen una fascinación atroz. Michaux escribió: «Un hombre y su rostro es un poco como si estuvieran devorándose mutuamente sin cesar». En una ocasión, cuando un editor le solicitó una fotografía para publicarla en un catálogo junto a las de los demás autores, le contestó lo siguiente: «Escribo con el fin de dar a conocer una persona que, viéndome, nadie habría podido sospechar jamás que existiera». Esta frase se publicó en el espacio destinado a su retrato. Sin embargo, el rostro de Michaux es dulce y agradable. Es belga, nacido en Namur en 1899, y aunque exhiba la tez pálida de las gentes del norte, y algo de su flema, su semblante también puede iluminarse con una amplia sonrisa flamenca; y tiene una inesperada y encantadora risilla.



¿Ha suplantado para Michaux la pintura a la escritura como medio de expresión?

En absoluto. En los últimos años he realizado tres o cuatro exposiciones y he publicado tres o cuatro libros. Desde que hice mía la pintura hago más de todo, pero no al mismo tiempo. Escribo o pinto en períodos alternos. Empecé a pintar a mediados de la década de 1930, en parte como consecuencia de una exposición de Klee a la que asistí, y en parte a causa del viaje que hice a Oriente. En una ocasión, estando en Osaka, le pedí a una prostituta que me orientara y, para indicarme, me hizo un dibujo adorable. En Oriente todo el mundo dibuja.El viaje supuso una experiencia capital en la vida de Michaux: de él nació Un bárbaro en Asia, además del descubrimiento de todo un nuevo ritmo de vida y creación.Siempre pensé que habría otra forma de expresión para mí, pero jamás supuse que sería la pintura. Pero bueno, siempre me equivoco cuando se trata de mí. De joven estaba seguro de que quería ser marinero, y lo intenté durante una temporada; pero, sencillamente, no tenía el vigor físico necesario. Tampoco pensé nunca en escribir. C’est excellent, il faut se tromper un peu.Por lo demás, me irritaba la parafernalia de la pintura. Los artistas actúan como prima donnas; se toman a sí mismos demasiado en serio, y tienen toda esa parafernalia: los lienzos, los caballetes, los tubos de pintura. Si pudiera elegir, preferiría ser compositor. Pero hace falta estudiar. Si hubiera algún modo de colocarse directamente ante un teclado… La música incuba mi insatisfacción. Mis dibujos a tinta grandes ya no son más que ritmo. La poesía no me satisface tanto como la pintura, pero es posible que existan otras formas.






¿Cuáles son los artistas que más importan para Michaux?


Me encanta la obra de Ernst y de Klee, pero por sí solos no habrían bastado para que yo empezara a pintar en serio. No admiro tanto a los estadounidenses, como Pollock y Tobey, pero lo cierto es que crearon un clima en el que podía expresarme. Son instigadores. Me concedieron la grande permission; sí, sí, eso es, la grande permission. Del mismo modo que no apreciamos tanto a los surrealistas por lo que escribieron como por autorizar a que todo el mundo escribiera lo que se le pasara por la cabeza. Y, por supuesto, los pintores clásicos chinos me enseñaron lo que se podía hacer con sólo unos pocos trazos, con sólo unos pocos signos. Pero no creo mucho en las influencias. Uno disfruta escuchando las voces de la gente en la calle, pero no resuelven tus problemas. Cuando algo es bueno te distrae de tu problema.



¿Sintió Michaux que su poesía y su pintura eran dos formas diferentes de expresión de una única cosa?

Ambas tratan de expresar una música. Pero la poesía también trata de expresar una verdad no lógica; una verdad diferente de la que se lee en los libros. La pintura es distinta; no tiene nada que ver con la verdad. En los cuadros creo ritmos, como si bailara. Eso no es una vérité.


Le pregunté a Michaux si sentía que su experiencia con la mescalina había tenido alguna consecuencia sobre su arte más allá de los dibujos que realizó bajo sus efectos, a los que denomina «dibujos mescalínicos» y que, con su hipersensible concentración de líneas insustanciales, como filamentos, en determinadas zonas ofrecen un aspecto muy distinto del que presenta la obra enérgica y abrupta que realiza en condiciones normales. «La mescalina incrementa tu atención por todo; por los detalles, por sucesiones tremendamente rápidas.»

Al describir una de estas experiencias en su reciente libro Paix dans les brisements, escribió: Mi desazón era grande. La devastación era mayor. La velocidad era aún mayor… Una mano doscientas veces más ágil que la mano humana no habría bastado para seguir el acelerado curso de aquel inextinguible espectáculo. Y no se podía hacer nada más que seguirlo. Uno no puede concebir un pensamiento, un término, una figura, para elaborarlos, para que le sirvan de inspiración o de punto de partida para improvisar. Toda la energía se agota en ellos. Ese es el precio de su velocidad, su independencia.También habló de la distancia sobrehumana que sentía bajo la influencia de la mescalina, como si pudiera observar la maquinaria de su propia mente desde cierta distancia. Esta distancia puede ser terrible, pero en una ocasión se tradujo en una visión de beatitud, la única de su vida, que describe en El infinito turbulento: «Contemplé miles de deidades […]. Todo era perfecto […]. No había vivido en vano […]. Mi existencia fútil y errabunda ponía pie, por fin, en la senda milagrosa…».

Este momento de paz y satisfacción carecía de precedentes en la experiencia de Michaux. No ha tratado de repetirlo: «Ya es bastante que haya sucedido una vez». Y no ha tomado mescalina en más de un año; al menos no «que él sepa». «Quizá la tome otra vez cuando vuelva a ser virgen», dijo. «Pero este tipo de cosas deberían experimentarse sólo de vez en cuando. Los indios fumaban la pipa de la paz únicamente en las grandes ocasiones. Hoy día la gente fuma cinco o seis paquetes de cigarrillos al día. ¿Cómo se puede experimentar algo de este modo?»La habitación había empezado a quedar a oscuras y, en el exterior, los árboles del jardín gris parecían pertenecer al fangoso territorio metafísico que describe en Mes propriétés. Señalé que en su obra apenas aparece la naturaleza. «Eso no es cierto», dijo. «En cualquier caso, los animales sí. Adoro los animales. Si alguna vez voy a su país, será sin duda para visitar los zoológicos» (su única visita a Estados Unidos la hizo siendo marinero en 1920, y sólo vio Norfolk, Savannah y Newport News).


En una ocasión, con motivo de una de mis exposiciones, pude disponer de dos horas libres en Francfort y escandalicé al director del museo pidiéndole que me enseñara el jardín botánico en lugar del museo. Lo cierto es que el jardín era adorable. Pero desde la experiencia con la mescalina los animales ya no me inspiran ningún sentimiento de fraternidad. El espectáculo de mi mente trabajando me hizo de algún modo más consciente de mi propia mente. Ya no siento empatía con un perro, porque él no tiene mente. Es triste…


Hablamos de los medios que utiliza. Aunque trabaja con óleo y acuarela, prefiere la tinta china. Son típicas de Michaux las grandes hojas blancas de papel de dibujo tachonadas por completo de pequeños nudos negros muy marcados, o con figuras vagamente humanas desperdigadas que evocaban alguna batalla o peregrinación desesperanzada. «Con la tinta china puedo hacer
pequeñas formas muy intensas»
, decía. «Pero tengo otros planes para la tinta. Entre otras cosas, he estado pintando cuadros con tinta china sobre lienzo. Me entusiasma, porque con una misma pincelada, en un mismo instante, puedo ser al mismo tiempo preciso y difuso. La tinta es directa; no se corre ningún riesgo. No tienes que luchar contra las prisas del óleo, con toda la parafernalia de la pintura.»En esos lienzos de los que habla Michaux suele pintar tres anchas franjas verticales utilizando poca tinta para producir un efecto desvaído. En ese medio difuso flotan docenas de figurillas desesperadamente articuladas: aves, hombres, tallos, animadas por la misma energía intensa de los dibujos, pero delineados de manera más deliberada. Estos óleos parecen cumplir, mejor que sus demás obras, sus intenciones pictóricas tal como las formulaba recientemente en la revista Quadrum:En lugar de una imagen que excluye a las demás, me habría gustado dibujar los momentos que, uno junto a otro, se suceden y conforman una vida. Exponer la frase interior, una frase que no tiene palabras, para que la gente vea una soga que se desenrolla sinuosamente y que acompaña íntimamente a todo lo que nos afecta, ya sea desde el exterior o desde el interior. Quería dibujar la conciencia de la existencia y el flujo del tiempo. Como cuando te tomas el pulso.
Publicado originalmente en la revista ArtNews, en marzo de 1961.
Fuente: http://www.circulobellasartes.com/







LOS MILES DE DIOSES

Lo increíble, lo deseado desesperadamente, desde la infancia, lo aparentemente excluido que pensé que nunca volvería a ver, lo inaudito, lo inaccesible, lo demasiado bello, lo sublime prohibido para mí, ha llegado. HE VISTO A LOS MILES DE DIOSES. He recibido el regalo portentoso. Se me han aparecido a mí, que no tengo fe (sin conocer la fe que tal vez pueda tener). Estaban ahí, presentes, más presentes que cualquier cosa que yo haya mirado jamás. Y era imposible y yo lo sabía, y sin embargo. Sin embargo, estaban ahí, colocados por centenares, unos junto a otros (pero les seguían mil más, apenas perceptibles y muchos más de mil, una infinidad). Esas personas tranquilas, nobles, suspendidas en el aire por una levitación que parecía natural, estaban ahí, ligerísimamente móviles, o más bien animándose sobre la marcha. Ellas, esas personas divinas y yo, solos en presencia. En algo así como el reconocimiento, yo les pertenecía. Pero, bueno -me objetarán- que se creía usted? Respondo: ¿Qué iba a creer SI ESTABAN AHÍ? ¿Por qué me iba a poner a discutir si me encontraba satisfecho? No estaban a una gran altura, pero era suficiente para, dejándose ver, guardar las distancias, para ser respetados por el testigo de su gloria que reconoce su superioridad incomparable. Eran naturales, como es natural el sol en el cielo. Yo no me movía. No tenía que inclinarme. Estaban colocados suficientemente por encima de mí. Era real y era como cosa convenida entre nosotros, en virtud de una alianza previa. Yo estaba colmado por ellos. Había dejado de estar mal colmado. Todo era perfecto. Ya no había ni que reflexionar, ni que sopesar, ni que criticar Ya no había nada que comparar. Mi horizontal era ahora una vertical. Yo existía en altura. No había vivido en vano. La diferencia con todos los acontecimientos anteriores era mi total y feliz consentimiento. No prestaba atención a otra cosa. Me entregaba con la misma intensidad con la que veía. En ese don estaba mi alegría...


MUERTE DE UN PÁJARO
Tenía un color magnífico; era un Carpintero,
Le descargué mis perdigones,
Pareció titubear, luego cayó sobre una ancha hoja de palmera.
Lo tomé en mi mano. Era así: oro, negro, rojo.
Lo palpé, le desplegué las alas, lo examiné minuciosa y largamente: Estaba intacto.
Debió morir de una conmoción súbita

PISOTEADO
Cuando lo hubieron pisoteado durante diez años;
"Después de todo, dijeron, tenía algunas cualidades,
A partir de hoy, se prohibe a todos pisotearlo"
Se fue levantando poco a poco, porque tenía realmente cualidades.
Pero un domingo, como al pueblo le gusta mucho la juerga, se le permitió que lo pisoteara una vez más.
Y fue en tal forma aplastado ese solo domingo, o talvez ya había perdido esa costumbre, que se sintió más miserable que nunca.
"Después de todo, dijeron, no tenía tantas cualidades"


Principios de niño
Henry Michaux

No se puede vivir sin principios. Si un caballo perdiera sus principios, moriría en el acto. A continuación, algunos principios de un niño.

1

En África, los elefantes atropellan a los camellos.

2

Los payasos no tienen padres. ¿Alguna vez conoció al padre de un payaso? ¿Ya vio?

3

Los caracoles sin cuernos se vuelven completamente tontos.

4

Si juntáramos el ‘’mañana’’ y el ‘’hoy’’, seguramente tendríamos un ‘’pasado mañana’’.

5

Los árboles muertos no dejan de portarse bien.

6

Por bravo que sea, ningún policía ha traído preso al sol.

7

Un peral con manzanas es otro árbol.

8

Los peces que saltan están aburridos.

9

Un kilo de mariposas no pesa, a menos que las mariposas estén dormidas. Papá dice algo distinto, pero nunca ve a las mariposas.

10

Las gallinas no ponen huevos. Nadie los pone. No hay manera de ponerlos. Los desentierran.

11

Las antílopes más soñadoras sueñan con acariciar el suave pecho de los tigres.

12

Hace tiempo que el sol derritió a su muñeca, estaba a la derecha de la luna. Desde luego, nadie se acuerda.

13

Las hormigas hablan muy bajo.

14

En África, los tapetes donde la gente educada se limpia los zapatos son cocodrilos muertos.

15

Las avispas vienen a juzgar cómo se hace la mermelada en este país.

16

La nariz, la boca, las orejas, los ojos, la barbilla y puesto que las orejas y los ojos son dos, tenemos, es decir, una semana. O bien, un pelotón de esos sólidos soldados (como los de mi caja verde) que combaten gloriosamente por Francia sin perder su quepis, porque mañana deberán usarlo de nuevo.

17

Los leopardos miopes sólo dan pequeños saltos.

18

Las hormigas de cola rara vez salen.

19

Los indios calvos ya no se vengan

20

De noche, los estanques se ponen de pie y dicen ‘’ya no estamos muertos’’. Se ponen de pie y juntan el agua alrededor de ellos, en pliegues. Al irse, dejan un hoyo inmenso, ruedan y se resbalan, inclinados como barriles, altos como catedrales, por carreteras donde de día circulan tantos coches, conducidos por ciegos con lentes verdes.
En las madrugadas, los estanques, límpidos al principio, se revuelven y sacan cosas a la superficie (hormigas). Abrumados por ese peso, dicen ‘’Nos vamos mañana temprano; sí, mejor mañana’’. De allí que al amanecer todos hayan regresado a su hoyo, apartando a los rosales. Pero cuando hay patos en los estanques, ¿cómo hacen todo esto?

21

Los peces mueren con los ojos abiertos.


Traducción de Conrado Tostado
* "Principios de niño" apareció
http://pagesperso-orange.fr/mexiqueculture/nouvelles1-michaux.htm


















martes, 22 de diciembre de 2009

TU PLACER ES NUESTRO INFIERNO















LA NIÑA BLANCA
Iba de mi mano
y era todo
la llevaba de mi mano
o ella a mi
porque no entendía

mis pasos sin ella
su sonrisa
hacía que el mundo
fuera simple
ella me enseñó
a ignorarme
juntar cansancio
a olvidarme del sueño
solo por quererla
Iba de mi mano
y alguien me golpea
y alguien me la quita
y solo tengo un llanto
que guardar como final
de este recuerdo
de sus pequeñas manos
que se van
solo porque un pene
calza en su cuerpo.





























TRATA DE BLANCAS


Ninguna mujer nace para puta
por Liliana Mizrahi


Creemos que ciertas cuestiones, como el tráfico de personas, no tienen lugar, es decir no existen, salvo como ficción en los medios de comunicación. Creemos que es retórico, que hablan de una realidad que no es y no puede ser real, porque parece que está más allá de todos los límites de la realidad y de cualquier posibilidad de ser un hecho. Si es real, sólo sucede en la mente de algún afiebrado. Y no es así.



Tampoco creemos mucho en la esclavitud. Creemos en serio que la abolió la Asamblea del año XIII. Sin embargo, sí existe, es real, es presente y es una creación más de la mente humana. Es una realidad siniestra pero es un hecho material, no virtual. Pienso que no, no puede ser real. Sin embargo, escucho y leo que día a día, desaparecen jóvenes mujeres, niñas y niños. Y por lo que leo en los diarios, se va ampliando la conciencia frente a estas realidades que parecen inverosímiles.



Comercio sexual, tráfico de personas, venta de órganos, servidumbre, prostitución, turismo sexual adulto e infantil. Se trata de las nuevas prácticas de explotación y servidumbre.



La trata de blancas cambió de nombre, porque ahora es el tráfico de personas: mujeres, hombres, niños, que son buscados, elegidos y captados o secuestrados. Los trasladan hacia los centros de prostitución, con el objetivo bien claro de comerciar con ellos, en contra de su voluntad. Desaparecen, nadie los encuentra, no tiene documentos porque se los sacan, están encerrados, aislados, torturados, incomunicados y/o asesinados.



En Argentina, esta realidad: la explotación sexual laboral sigue creciendo. Argentina es un país barato para los turistas que vienen, no sólo a ver el glaciar, o los bosques de Palermo, o el obelisco, sino también a hacer turismo sexual infantil, por muy poco dinero y sin demasiado peligro, con la complacencia de la policía de seguridad.



El objetivo del tráfico de personas es la explotación. Esto incluye la explotación sexual o prostitución, el trabajo no remunerado o mal remunerado y/o servicio forzado, la servidumbre, la esclavitud y la extracción de órganos. El tráfico de personas incluye la trata o tráfico de inmigrantes, las diferentes formas de explotación de un trabajo pagado de un modo vil, porque la fuerza de trabajo se paga muy mal, o no se paga, pero sí se organiza el hacinamiento para alcanzar una producción masiva en condiciones de exigencia inhumana.



Argentina es parte de un circuito internacional del crimen organizado. Se trata de un negocio que da ganancias similares al tráfico de drogas y al tráfico ilegal de armas. Por cada menor explotado sexualmente, se puede obtener 13.000 dólares mensuales o alrededor de 130.000 por año.



Siete mujeres menores de edad o niñas pueden llegar a producir 80.000 dólares por mes.



En Argentina hay una ruta interna en el tráfico de mujeres y niñas destinadas a la prostitución y a la servidumbre sexual. Salta, Jujuy, Chaco, Catamarca y sobre todo Misiones, son los principales proveedores de menores para la prostitución. Son las provincias donde se captan y reclutan con más facilidad niños y jóvenes, a los que se lleva a diferentes puntos del país.



Hay muchos niños y niñas sueltas, niños de la calle, muy pobres, necesitados, fáciles de llevar y hacer desaparecer, o bien se los compra por poco dinero a padres muy pobres y re cargados de hijos que mantener y se los revende a los proxenetas de los prostíbulos.



¿Cuáles son las variables que propician esta realidad?



La pobreza, el desamparo, el desarraigo, la impunidad con que operan estas redes, la ignorancia, la falta de educación, la violencia familiar, la búsqueda de salida de tanta miseria y hambre, la orfandad, el vacío legal, las complicidades entretejidas que la convierten en red. El hambre, el deseo y la ilusión de salirse de ese lugar y cambiar las alternativas de la vida es muy grande. El hambre no es virtual, es concreto, pero se banaliza su significado. La falta de educación y prevención es también muy grave, pero se superficializa y minimiza sus riesgos. También se trivializa el maltrato, la tortura, la servidumbre, las violaciones repetidas a que son sometidos esos niños y jóvenes.



Vivimos en una cultura de lo superficial que nos infantiliza y nos resta o bloquea la conciencia crítica y el contacto con la realidad.



La provincia de Misiones provee de un flujo constante de niños para turismo sexual, incluso para países vecinos. Hay un movimiento de más de cuatro mil niños en la red de turismo sexual infantil.



En esta red organizada del crimen, hay buscadores y captadores que buscan a sus víctimas, hacen contacto, tratan de ganar su confianza y la de su familia, ponen avisos, frecuentan zonas donde hay muchas jovencitas, prometen buenos trabajos, buenos sueldos, estudios, prometen la salida de la miseria para toda la familia y en poco tiempo, de ese modo captan a las víctimas a las que prometen cuidados, amparo, una vida mejor. Esta parte del trabajo lo hacen los captadores y los reclutadores.



Luego viene el viaje, (que la víctima deberá pagar o en su defecto contraer una deuda), viaje hacia ese destino ilusorio, entonces aparecen los transportistas.



Después del viaje alguien las recibe y la lleva a algún lugar para vivir. Como la víctima debe pagar por todo esto: viaje, transporte, hospedaje, comida, están también los prestamistas que proveen de dinero con altos intereses, y embarcan a la víctima en una deuda que con el tiempo se hace impagable y en la que las jóvenes hipotecan su vida.



Las mujeres, las niñas, y los niños también, son llevados a un burdel, donde se las prepara para el nuevo trabajo, se les enseña y se las entrena, esto quiere decir que se las somete a violaciones reiteradas. O bien, se los usa para la mendicidad en la calle. En general, viven en esas casas-burdeles, están aislados de la población del lugar, salvo a través de su trabajo, no se comunican con sus familias, reciben muy malos tratos, abusos y tortura de toda índole, golpes, violaciones, palizas, a muchas jóvenes y niñas, que no se disciplinan, se los encadenada en alguna cueva y se los deja sin comer, para evitar su huída. Son duramente castigadas si no obedecen. Los traficantes de personas dominan con el terror, las familias están amenazadas, si estas mujeres tienen hijos, están amenazados de secuestro, o bien son secuestrados, sometidos, vigilados... comienza un camino de difícil retorno.



Estas mujeres y niños son seres altamente vulnerables, su indefensión que ya venía de antes se cronifica, y se les hace cada vez más difícil defenderse. Están solos, aislados, sin medios para salir y amenazados.



Los explotadores evitan que se establezca cualquier tipo de vínculo afectivo que las ayude a liberarse, también por eso se las cambia de lugar y se las lleva de un punto a otro de la república. Están controladas y son pocas las que sobreviven para contarlo.



En la red de prostitución infantil, hay nenas de primera clase, de segunda y de tercera, según de donde vengan, su atractivo físico, y las preferencias de los consumidores que pagan para desovar, descargarse, y las piden cada vez más jóvenes. Son los usuarios, compran un sexo muy excitante para ellos, sexo rápido y al paso. Eyaculan y se van, son turistas o son consumidores ocasionales que no re-aparecen.



Estas chicas y chicos son "mercancía", se venden y se compran, se usan y al tiempo se descartan, se los hace producir cantidades de dinero del que no participan.



La expansión de estas redes parece ilimitada por la magnitud de las complicidades que la alimentan y sostienen. Funcionarios, políticos, fuerzas de seguridad, traficantes de droga... todos participan del negocio, por eso se hace tan difícil de descubrir y desmantelar.



Estamos hablando de una realidad humana, que quizás existe a la vuelta de nuestra casa o a pocas cuadras. Hablamos de lo siniestro, lo ominoso (como diría Freud), en la condición humana. Estamos hablando de promoción de la prostitución, privación ilegítima de la libertad y reducción a servidumbre. Hablamos de seres humanos, hombres, mujeres, niños y niñas, sin oportunidades.



Sigamos hablando de este tema..., es necesario darnos cuenta que no es realismo mágico, no es ficción, es una realidad que merece que la reconozcamos y levantemos la voz.

jueves, 19 de noviembre de 2009

MARIPOSA SOBRE LAS CENIZAS por Enrique Menéndez


Presentación "MARIPOSA SOBRE LAS CENIZAS"
Los mapas siempre ejercieron algún tipo de de influencia obsesiva sobre mí. No sólo aquellos en los que se dibujaba un planisferio, o una región cualquiera con sus divisiones políticas y físicas. También me fascinaban los que graficaban lugares más pequeños que yo conocía muy bien, como mi barrio, o los que me indicaban la forma de llegar a la casa de un amigo. Pero pronto encontré que existían otros mapas, cuyo carácter era más abstracto, y pero por ello, más interesantes. Mapas que me indicaban una rutina al dormirme, mapas para llegar al sueño, mapas para conocer una chica, mapas para no llegar tarde al trabajo. Pero todavía me faltaban otro tipo de topografías: la de los objetos.
Y entonces pude reconocer mapas, topografías e intensidades en todas las cosas que el mundo me ofrecía; las claras lagunas de unos ojos, la altura de un pensamiento, las amargas profundidades de un mate. Pero para aquellos que amamos los libros no nos basta con reconocer; se impone el recorrer.
Y cuando hablamos de textos literarios, las topografías son muy diversas y, si la obra es buena, cada vuelta del camino nos puede deparar una maravilla, cada rincón un instante que nos ausente del mundo. Y si con metáforas nos involucramos, quizás diríamos que una novela puede ser un país de maravillas y aventuras, o una región exótica o una ciudad de monólogos interiores. En cambio un cuento nos puede resultar un barrio de vecinos bullangueros, o un suburbio de crímenes misteriosos.
¿Y de la poesía qué podemos decir? No nos equivocaremos si afirmamos que puede tratarse de un claro jardín, un pomposo parque o un bosque de claroscuros. Nuestro quehacer en este aquí y ahora no es la labor de la crítica ni de la de dar nuestros pareceres personales. La nuestra es la tarea del cartógrafo, que a la manera de maravillados cronistas describiremos las regiones de este libro, Mariposa sobre la cenizas, para que ustedes también lo puedan transitar. Yo dibujaré el plano y Facundo pondrá la voz a su propia voz, a su propio libro.
¿Cómo es el libro de Facundo? Una vista general de todo este texto-región nos da un panorama dividido en tres zonas, en cuyos accesos nos encontramos con unos muy singulares porteros: Rilke, Li Po y T. S. Eliot que nos dan la bienvenida y por supuesto, algunas advertencias. Cada territorio es diferente de los otros, pero cuyos senderos nos llevan a un centro en común, donde se funden en un solo espacio. Este centro es la soledad, cuya presencia podemos percibir en todo el libro. Todos los caminos de este libro nos dejan allí:
“En tu puerta confluyen
Los cuatro caminos del mundo”

Esto es lo que nos advierte el texto apenas lo comenzamos. Cada una de las partes tiene su signo: la luna, objeto de deseo, el erotismo de la palabra o la palabra erótica y por último la muerte. Cada una con su contracara: la luna, y la niñez que se asombra ante ella; el adulto; y su fuerza erótica; y por último, la vejez, y su cercanía a la muerte. Tres monedas que también son caminos: la luna y el niño, el erotismo y el adulto, la muerte y la vejez, todas miran y nos llevan hacia un mismo lado, hacia su centro: la soledad, la gran compañera de la poesía.
“Brindo conmigo
Y en el fondo del vaso
Su presencia lo busca.”
En este mapa ustedes pueden entrar por donde mejor les parezca, pero por un simple prurito burgués hemos decidido realizar nuestra descripción siguiendo un determinado orden, el que el mismo libro nos da.
Por esta razón comenzaremos por “ a pedradas la luna”, la primera parte del libro. La bandera de esta región es la luna, pero no es la tenebrosa… ni la esquiva… ni la oscura. Es la luna que se observa con deseo, la luna que se añora en silencio. Luna, mirada y silencio son las colinas que marcan las intensidades de esta región. La luna aparece en varias de sus facetas: la mujer luna
“Mujer,
Tu calle camina herida”
O la luna antigua, la primigenia, la de siempre:
“una luna descascarada
Apoya su gorjeo
En el filo de los aullidos”
La otra colina de la que hablamos es la mirada. La del deseo o simplemente la de unos ojos, como los de Kahayyám:
“Tus dos pequeños ojos se pierden
En el brillo de los ojos de la noche
Sobre la copa de vino se desata
En un hilo que canta y calla
Y tu nombre Khayyám”
Pero también encontramos la mirada primera, mitológica:
“Tu mirada antigua
Como la de los primeros padres…”
Dijimos que la luna es el signo de esta comarca; es la cara de esta moneda cuya seca es la infancia… el niño. El inocente, como aquellos que sólo miran:
Asomados desde lo alto de una ventana
Tres niños nos contemplan, inalcanzables
Como las nubes que espían desde el cielo.
O también el niño terrible de sonrisa siniestra que no nos atrevemos a llamar:
“No te llamaré ‘niño’, porque tu presencia
es terrible
tu sonrisa se extiende como Los Andes…”
O porque no, el travieso niño que divierte su soledad derrumbando lunas
“Solo, como un niño que intenta derribar
A pedradas la luna”.
Pero esto es solo un mapa y no tengo la atención de agotar cada detalle ni tampoco agotarlos a ustedes. Mejor continuemos con la siguiente localidad. Vayamos al segundo paraje de este libro: “Mariposa sobre la ceniza”
Aquí el espacio está ocupado por las frondosidades del erotismo que se atreve a interpelar directamente al lector. Intensidades diversas marcan cortes abruptos en el terreno que nos apuran ahora y nos detienen luego.
Es Inmediatamente después de ingresar a este punto, donde el mismo libro es el que nos embiste y nos ordena:
“apaga las luces y escucha:
Iré liberando pequeñas palabras.”
Y son estas mismas palabras las que nos dibuja los contornos de un cuerpo cargado de sexo:
“este rincón entre las líneas de mis manos
Esta mujer que derrama besos en mi boca”
Y si hay una amada, hay un amante, y como tal ejerce su única profesión: la espera:
“aferrados con los dientes
Al cordel de una promesa
Sigo balanceándome en la espera”
En este sitio el tiempo se apresura, y los días se nos escapan al ritmo del ansia, y la palabra se nos anticipa, y de repente su cuerpo, el cuerpo del otro, es de palabras, de signos:
“buena palabra del que nos deja
Una huella profunda de silencio
La mariposa sobre la ceniza
Bebe las tensas gotas del rocío.”
Ahora dejemos las frondosidades anteriores y continuemos con el tramo final, donde lo que sigue es breve, conciso, como la vejez y su vecina, la muerte. Al contrario de las voluptuosidades ya citadas, aquí reina una calma silenciosa. Es un camposanto y lo que nos habla son sus lápidas que nos promulgan sus epitafios:


“Por el camino
Se aleja la ciudad
Queda el invierno”
Este es un paraje lleno de ausencias y silencios:
“Funerales para un hombre sin testigos
Flores para su amada ausente
Sopla el silencio sobre sus nombres.”
Sus frases son sentencias y su estilo, lacónico:
“Todos partimos
Por distintos senderos.
Vamos al mar.”
Todo aquí no habla de la muerte, pero no con el miedo que le tiene el joven, sino con la serena y sabia amistad que le profesa el anciano:
“Sólo el que pierde
Es el que debe pagar.
La vida es un juego.”
Listo, el viaje ha concluido. Sólo nos resta abandonar este mapa en nuestra mesita de luz. Atrás dejemos a los tres poetas que seguirán guardando las puertas de las tres regiones de este libro. Ahora es momento de que ustedes lo recorran, lo disfrute en el silencio y la soledad tan amigas de la poesía.
Buen viaje.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LA MOLEDORA DE CARNE

El grupo LA MOLEDORA DE CARNE se presentará el domingo 08/11/2009, en el subsuelo del ECA (Espacio INDIGENTES) a las 19 hs. En el marco de la FERIA DEL LIBRO, MENDOZA 2009.

MARIPOSA SOBRE LAS CENIZAS en la Feria del Libro Mendoza 2009


Martes 03/11/2009
18 hs. en el ECA
presentacíón a cargo de:
Enrique Menéndez

martes, 6 de octubre de 2009


























Santiago Sylvester

Publicó : En estos días (1963) ; El aire y su camino (1966) ; Esa frágil corona (1971) ; Palabra intencional (1974) ; La realidad provisoria (1977) ; Libro de viaje (1982) ; La prima carnal (narrativa, 1986) ; Perro de laboratorio (1987) ; Entreacto (1990) ; Escenarios (1993) y Café Bretaña (1994).




Tanto esfuerzo para apartarse de sí,
perder su rastro y andar a la deriva en esa mesa : tabla con
una astilla metafísica donde la luz golpea y
vuelve a sí misma.

Ese hombre merodea para no estar :
esto se ve en la mañana inmóvil frente al vaso
y sobre todo en la técnica mayor :
dejar que la mirada caiga hacia afuera
y se extinga lejos de él como un rumor imaginario.

****

No sólo sentido, sino densidad : la emoción gana peso
cuando ese techo de moscas,
el zumbido del ventilador,
la risa del vecino,
forman parte de las palabras ya olvidadas que siguen
dialogando en la cabeza.

Mientras dura, barullo : manotazo atolondrado;
pero luego se abre paso, atraviesa la costra,
y envía sus mejores señales cuando sólo tiene adentro
recuerdos.
(de Café Bretaña)



Un golpe en una mesa,
y el hombre mira alrededor, sin éxito ni culpa, sólo con el
asombro del que, repleto de whisky, no encuentra qué decir.

La palabra, una autopsia: un corte transversal en el cerebro;
y de este menoscabo del lenguaje se alimenta un época que cesa, no por
agotamiento, sino por crispación:
el psicoanálisis concluye en epilepsia,
la semiótica esconde su abuso en la trastienda,
la fanfarria de la ciencia no logra descifrar sus propósitos;
¿y qué haremos con la actividad de la palabra?
Un hombre ha golpeado la mesa, torpe la lengua y la mirada idiota,
y ha marcado el arranque de una nueva era:
él es su profeta,
una trompada en una mesa su huella digital.

(de Café Bretaña)

miércoles, 26 de agosto de 2009


PEDRO LEMEBEL





No soy Passolini pidiendo explicaciones

No soy Ginsberg expulsado de Cuba

No soy un marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy

Y no soy tan raro

Me apesta la injusticia

Y sospecho de esta cueca democrática

Pero no me hable del proletariado

Porque ser pobre y maricón es peor

Hay que ser ácido para soportarlo

Es darle un rodeo a los machitos de la esquina

Es un padre que te odia

Porque al hijo se le dobla la patita

Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro

Envejecidas de limpieza

Acunándote de enfermo

Por malas costumbres

Por mala suerte

Como la dictadura

Peor que la dictadura

Porque la dictadura pasa

Y viene la democracia

Y detrasito el socialismo

¿Y entonces?

¿Qué harán con nosotros compañero?

¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos

con destino a un sidario cubano?

Nos meterán en algún tren de ninguna parte

Como el barco del General Ibañez

Donde aprendimos a nadar

Pero ninguno llegó a la costa

Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas

Por eso las casas de caramba

Le brindaron una lágrima negra

A los colizas comidos por las jaibas

Ese año que la Comisión de Derechos Humanosno recuerda

Por eso compañero le pregunto

¿Existe aún el tren siberiano

de la propaganda reaccionaria?

Ese tren que pasa por sus pupilas

Cuando mi voz se pone demasiado dulce

¿Y usted?

¿Qué hará con ese recuerdo de niños

Pajeandonos y otras cosas

En las vacaciones de Cartagena?

¿El futuro será en blanco y negro?

¿El tiempo en noche y día laboralsin ambigüedades?

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

¿Van a dejarnos bordar de pájaroslas banderas de la patria libre?

El fusil se lo dejo a usted

Que tiene la sangre fríaY no es miedo

El miedo se me fue pasando

De atajar cuchillos

En los sótanos sexuales donde anduve

Y no se sienta agredido

Si le hablo de estas cosas

Y le miro el bulto

No soy hipócrita

¿Acaso las tetas de una mujerno lo hacen bajar la vista?

¿No cree usted

que solos en la sierra

algo se nos iba a ocurrir?

Aunque después me odie

Por corromper su moral revolucionaria

¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?

Y no hablo de meterlo y sacarlo

Y sacarlo y meterlo solamente

Hablo de ternura compañero

Usted no sabe

Cómo cuesta encontrar el amor

En estas condiciones

Usted no sabe

Qué es cargar con esta lepra

La gente guarda las distancias

La gente comprende y dice :

Es marica pero escribe bien

Es marica pero es buen amigo

Super-buena onda

Yo acepto al mundo

Sin pedirle esa buena onda

Pero igual se ríen

Tengo cicatrices de risas en la espalda

Usted cree que pienso con el poto

Y que al primer parrilazo de la CNI

lo iba a soltar todo

No sabe que la hombría

Nunca la aprendí en los cuarteles

Mi hombría me la enseño la noche

Detrás de un poste

Esa hombría de la que usted se jacta

Se la metieron en el regimiento

Un milico asesino

De esos que aún están en el poder

Mi hombría no la recibí del partido

Porque me rechazaron con risitas

Muchas veces

Mi hombría la aprendí participando

En la dura de esos años

Y se rieron de mi voz amariconada

Gritando: Y va a caer, y va a caer

Y aunque usted grita como hombre

No ha conseguido que se vaya

Mi hombría fue la mordaza

No fue ir al estadio

Y agarrarme a combos por el Colo Colo

El fútbol es otra homosexualidad tapada

Como el box, la política y el vino

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Mi hombría es aceptarme diferente

Ser cobarde es mucho más duro

Yo no pongo la otra mejilla

Pongo el culo compañero

Y esa es mi venganza

Mi hombría espera paciente

Que los machos se hagan viejos

Porque a esta altura del partido

La izquierda tranza su culo lacio

En el parlamento

Mi hombría fue difícil

Por eso a este tren no me subo

Sin saber dónde va

Yo no voy a cambiar por el marxismo

Que me rechazó tantas veces

No necesito cambiar

Soy más subersvo que usted

No voy a cambiar solamente

Porque los pobres y los ricos

A otro perro con ese hueso

Tampoco porque el capitalismo es injusto

En Nueva York los maricas se besan en la calle

Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa

Que la revolución no se pudra del todo

A usted le doy este mensaje

Y no es por mí

Yo estoy viejo

Y su utopía es para las generaciones futuras

Hay tantos niños que van a nacer

Con una alita rota

Y yo quiero que vuelen compañero

Que su revoluciónles dé un pedazo de cielo rojo

Para que puedan volar.


[Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en Septiembre de 1986, en Santiago de Chile.]

miércoles, 19 de agosto de 2009


ANTONIA TORRES
BUENAS TARDES AMIGOS, hoy les acerco a una tremenda poeta chilena, Antonia Torres (Valdivia, Chile, 1975). Ha publicado Las Estaciones Aéreas (Ediciones Barba de Palo, Valdivia, 1999), Orillas de Tránsito (Ediciones Secretaría Regional Ministerial de Educación Región de Los Lagos. Santiago, 2003) e Inventario de equipaje (Cuarto Propio, Santiago 2006). También la antología Ocio increíble. Primer Concurso Nacional de Poesía Joven Enrique Lihn, selección y prólogo (Ediciones Barba de Palo y El Kultrún, Valdivia, 2000). Parte de su poesía aparece publicada en varias antologías, entre ellas Poesía para el siglo XXI. 25 poetas, 25 años (DIBAM, Santiago 1996), Poetas Jóvenes Chilenos (Ediciones LAR, Concepción, 1998), Antología de la Poesía Joven Chilena. Poesía de fin de siglo (Editorial Universitaria, Santiago, 1999), AlTiro. Panorama de la nueva poesía chilena ((Ediciones Vox, Bahía Blanca, Argentina, 2001), Diecinueve (poetas chilenos de los noventa) (J.C. Sáez Editori, Santiago, 2006). Su obra ha merecido algunos premios, entre los que se destaca en Primer Premio en el Segundo Concurso Regional de Poesía “Luis Oyarzún” 2003 de la Seremi de Educación de la Región de Los Lagos.

EL ESPEJO VERDE
I
De
tenme,
Que me hundo
en tu ombligo
Cada vez que me amas.

(1)
Entre mi casa y la tuya
Hay tan sólo un ojo de perro muerto
y un espejo verde
Que florece dos veces al año.

II
De
tenme,
Que bajo tu máscara se está pudriendo el sol.

(2)
Crepúsculo de perros,
Luna azul, cantan sobre mi espalda.
Celebro el pájaro amarillo
Y el cielo se anaranja.
Mis suelas húmedas se saben exquisitas
Y saltan la cerca.
El cielo es verde,
Y entre tu casa y la mía
Crece el desencanto.


Tu paso sobre el mío,
En este mercado de pulgas
En el que desnudo eres un paraguas cerrado.
Es tu pupila que se trenza sobre la mía
Donde nace el vuelo de vino que me desnuda.

El alba es pegajosa desde tu cornisa,
Y aún así me preguntas:
¿Dónde estabas ayer?

*
Como una sala de espera
Desnuda de sombreros y abrigos,
Espero mi tren de segunda
Entre confusión de rieles
Y trenza de andenes.
Un maquinista ebrio de patria
Mastica entre dientes su uniforme
Y en mi vagón llueve,
Florece.

viernes, 31 de julio de 2009

C.E. Feiling - El Mal Menor


Un poco de literatura de horror para pasar el fin de semana. C. E. Feiling, Charlie Feiling, nació en Rosario (provincia de Santa Fe) el 5 de junio 1961. Licenciado en Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se dedicó durante un tiempo a la docencia universitaria en el país y en el exterior. Fue profesor de Latín y Lingüística en la UBA, de Filosofía en la Universidad de Lomas de Zamora y San Andrés, y de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Nottingham (Inglaterra). En 1990, abandonó la vida académica para dedicarse de lleno a la literatura y el periodismo cultural. Ha publicado, entre otros, El agua electrizada (novela, 1992); Un poeta nacional (novela, 1993) y Amor a Roma (poemas, 1995). El mal menor, su tercera novela, resultó finalista del Premio Planeta Biblioteca del Sur 1995. Murió en la Ciudad de Buenos Aires en 1997 dejando inconclusa su cuarta novela. Como verán es un autor que tenía un brillante porvenir, además de un excelente presente, en las letras hispanas; pero la leucemia se lo llevó. Con respecto a la novela trata de que Inés Gaos, una divorciado treintañera, se muda a San Telmo, donde tiene un Restaurant con un amogo. En el edificio, la primera noche que Inés se queda, sufre "pesadillas". Nelson Floreal, un tarotista cincuentón, sabe que lo que le pasó a Inés es mucho más que un mal sueño: un prófugo a escapado y amenaza a la humenidad. A partir de aquí una serie de hechos sobrenaturales amenazan la cordura de la protagonista y de todos los que la rodean. Nelson Floreal debe encontrar a Inés y entrenarla porque sólo ellos pueden evitar la catástrofe.
El Mal Menor!

LEONIDAS ESCUDERO


Jorge Leonidas Escudero nació en San Juan en 1920. Abandonó sus estudios de agronomía y se dedicó a la minería. Durante años buscó oro y metales preciosos en las montañas de su provincia. Comenzó a publicar recién a los cincuenta años. Editó sus poemas en diarios y revistas del país y del exterior. Obtuvo primeros premios en varios concursos e importantes distinciones de entidades culturales de la región de Cuyo. Poemas suyos se encuentran en lugares públicos, como el grabado en piedra en el Monumento al Minero, en la plaza de la ciudad de La Toma, en San Luis. Fue incluido en la Antología de la poesía argentina publicada por Raúl Gustavo Aguirre en 1979. Su obra fue antologada en México por el poeta y profesor de la Universidad de Guanajuato Benjamín Valdivia, en 1990. Compuso canciones folclóricas, recopiladas en Aires de cordillera (San Juan, 1994), musicalizadas por José Luis Aguado Castro. Editó los siguientes libros de poesía: La raíz en la roca (edición del autor, San Juan, 1970), Le dije y me dijo (Spae, San Juan, 1978), Piedra sensible (edición del autor, San Juan, 1984), Los grandes jugadores (edición del autor, San Juan, 1987), Basamento cristalino (Filosofía, Buenos Aires, 1989), Umbral de salida (RundiNuskin, Buenos Aires, 1990), Elucidario (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1992), Jugado (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1993), Cantos del acechante (Fos- Epsilon, Buenos Aires,1995), Viaje a ir (Fos-Epsilon, Buenos Aires, 1996), Caballazo a la sombra (Tierra Firme, Buenos Aires, 1998), Aguaiten (Canto Rodado, Mendoza, 2000), Senderear (Martín, San Juan, 2001). Le dije y me dijo (antología editada en México por Ediciones Azafrán y Cinabrio, 2006). En Ediciones en Danza publicó los siguientes títulos: A otro hablar (2001), Verlas venir (2002), Andanzas mineras (2004), Endeveras (2004), Divisadero (2005), Tras la llave (2006) y Caza nocturna (2007).

Poemas de Tras la Llave (2006)

Sala de espera

Hay alguien que bosteza abatido

¿debido a no atisba esperanza?

Un viejo cierra los puños y tiembla

¿al ver fantasmas que se le enciman?

Una mujer pernocta

con negros pensamientos y enmudecida

lagrimea. Aquel otro mastica chicle.

Estoy adolorido en la sala de espera

y ruego por la salú de mi hermana,

que no insista

en ocupar mi sitio en la fila de nichos.


Larga es la noche aquí nel sanatorio.

Veces la sala se apiada

de algún cansado concurrente,

le desgonza la cabeza sobre el hombro,

lo desenchufa de asuntos mortuorios

y le permite que ronque.


Tras la llave

¿Quién va? ¿Quién anda?

Díganme quién es y de dónde va a dónde

ese que ante mi puerta pasa a

ser feliz o a inmensamente

andar entre los que no aciertan una.


Pregunto e insisto porque anda ese hombre

con la lengua afuera por cansancio y sed

y yo corro igual ante espejismos. Buscamos

lo que jamás de los jamases, pero.


Esto es porque andamos de modo picaflor

en flores mientras

los gatos acechan. Miento,

no se trata de flores ni de gatos

sino de tantear piedras, ver si alguna

es la filosofal de toque para

cambiar nuestro mundo.

Y es mejor no decir más porque estamos

golpeando puertas del horizonte

con la cabeza y nos rebota, pelota,

sin que podamos agarrar la llave.


POEMAS DEL LIBRO CAZA NOCTURNA (2007)

CAZA NOCTURNA I


¿Cómo hago para dar el salto?

¿Pero de qué salto estoy hablando?

No sé, simplemente un salto,

salir desto de siempre

donde no hallo

y sigo buscando.


Y ahora esperen pueda memorizar, ver

si explico algo de mis desvelos,

ver si encuentro

el mapa del tesoro, el carozo

deste asunto que me tiene absorbido.


El no poder explicarme cómo

da desorientación, pero sigo metido

nestas alturas de mis inquietudes

donde falta el aire y sin embargo existo.